“Dios,
Dios mío eres tú; De madrugada te buscaré; Mi alma tiene sed de ti, mi carne te
anhela…” Salmo 63:1a

¡BEEP! ¡BEEP! ¡BEEP!… suena la
alarma. Es hora de levantarse, preparar a los niños, llevarlos a la escuela y
luego ir al trabajo. Luego de 8 horas regresar a la escuela a buscar a los niños, en mi caso, 2 varones hermosos,
Ephraim y Liam, llegar a la casa a cocinar, bañarlos y hacer tareas y limpiar
la casa. Cuando creo que ya estoy terminando, llega alguien a la puerta, mi
esposo, hora de atenderlo, y luego a dormir, a las tardes horas de la noche, y
pensar que tengo que repetir esta rutina al siguiente día. “¡NO! ¡No puedo! ¡No puedo seguir haciendo
esto todo los días!”. Me atormentaba, me
comparaba con aquellas madres y esposas que parecían tenerlo todo bajo control.
Me preguntaba, ¿será que hay algo mal en mí? Con mi cabello todo desecho, sin
arreglarme y sin tener tiempo para mí, mis inquietudes seguían, “¿Es que soy
mala madre? ¿Es que no soy capaz de ser esposa, madre y empleada?” Que muchas
dudas venían a mi mente. Un día tuve que detenerme y sinceramente preguntarme ¿qué
me estaba pasando? Lo tengo todo, pero aún me siento vacía.
¡¿Que me pasa?! Tuve que evaluar lo que estaba haciendo todos los días. Mi vida
diaria con Dios ha disminuido y con el tiempo hasta dejo de existir. Sí, iba a
la iglesia todos los domingos, pero mí enfoque no era mi relación con Dios, sin
embargo eran mis hijos, mi esposo, mi empleo y mi vida cotidiana. ¿Cómo me paso
esto? Aunque fue difícil y ha veces lo sigue
siendo, tuve que tomar una decisión drástica, dedicar tiempo a mi Salvador,
hablar con Él y aprender a esperar Su respuesta. Tuve que poner a Dios en mi
agenda, literalmente, una cita con Dios todo los días en mi calendario. No
sabia con que tiempo, pero sabia que tenia que convertir en una prioridad mi de
buscad a Dios. Tomar esta decisión, cambio mi vida por completo. Porque al
hacerlo me di cuenta que muchas cosas en mi vida comenzaron a cambiar a mi
beneficio y el de mi familia. Ya no me comparaba con otros. Ya no necesitaba
que otros aprobaran mi estilo de vida, porque al hablar con Dios, al leer sus
cartas de amor en su palabra (la Biblia), mi enfoque dio un giro y comencé a
poner mi mirada hacia Él. Las grandezas que Él había hecho, está haciendo y
hará en mi vida y en la de mi familia.
Está temporada en mi vida es
cuando estoy viendo los frutos de mi labor, y se que los seguiré viendo. He
aprendido a ser más paciente, he aprendido a escoger mis batallas y pelearlas
de rodillas. Desde que hice de Cristo una prioridad en mi vida al ponerlo en mi
agenda diaria, he visto la diferencia. No ha sido fácil, aun me falta mucho que
recorrer, pero te puedo asegurar que eso era precisamente lo que me falta para
no sentirme ya vacía. Te animo a que pongas a Dios en tu agenda diaria,
literalmente, y hables con Él y estudies su Palabra. Para mí el mejor tiempo es
sacrificarme en la madrugada, busca cual sea tú mejor momento, aunque no te
vaya bien los primeros días o semanas o meses, no desmayes te animo que sigas
adelante. Cuando Él sea parte de tu agenda, también se convertirá en parte de
tu familia y tú enfoque cambiará.
Dios Te Bendiga,
Ruth Polanco
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